El problema del agua

Calles de Ramallah. D.P.

Calles de Ramallah. D.P.

Durante la estancia a Ramallah, entre las varias reuniones programadas, figuraba en un lugar especial la visita a la Compañía Hidríca Palestina, uno de los proyectos financiados por la cooperación de Sodepaz. Algo que en en principio podría sorprender si no se conoce el problema creciente de escasez y control de ese valioso recurso en la zona. Pero que en seguida era visible en el paisaje árido y ocre de los pueblos y ciudades de Palestina, en la que sin embargo, son visibles cultivos como olivares, viñedos, pepinos, tomates… Así, lo que a simple vista parecía un desierto poblado de construcciones quedaba en seguida desechado como definición al tomar el camino de Jericó, el Mar Muerto o la cercana Jordania: ningún rastro de la tímida vegetación o cultivos de la zona más cercana al Mediterráneo. Y la influencia del agua en la vida cotidiana, era patente al visitar cualquier casa palestina. Sólo hay agua tan sólo uno o dos días por semana. Así, que la población debe comprar más agua para sus necesidades, como comprobaríamos en nuestra casa de Nablus, o poder acumularla en grandes bidones negros situados en los tejados o azoteas de las casas. Una característica que a simple vista sirve para diferenciar en la lejanía un asentamiento judío de las viviendas palestinas. Una necesidad, la del agua, que lleva a cuidar su uso hasta el más mínimo, lo que explicaba que hasta en el más humilde baño, hubiese interruptores para diferentes cantidades de agua.

“Israel continúa vendiendo la idea de que para lograr la paz sólo hay que intercambiar territorios por paz y seguridad pero es es imposible un estado palestino sin un reparto justo del agua”. Ayman Rabí, director general de la Compañía Hídrica Palestina

Bandera palestina y bidones de agua. Iñaki Legarda

Bandera palestina y bidones de agua. Iñaki Legarda

Así que, la disputa por este bien escaso, el del oro azul, nos había sido evidente durante el viaje. Y el uso del agua en la ocupación quedó claro con las explicaciones de Ayman Rabí, director general de la Compañía Hídrica Palestina. El hizo una presentación profesional en las oficinas bien equipadas  de su compañía situadas en un edificio en construcción. Según Rabí, Palestina sólo recibe el 8,2% del agua de la zona, frente al 57,1% que toma Israel o el 34,7% de Jordania, pese a contar con el 50% de las aguas superficiales y acuíferos de la zona. El director general fue desgranando una serie de datos para conocer el subdesarrollo en el que viven muchas comunidades de Cisjordania: el 40% no tiene sistemas de agua y el 75% no tiene sistema sanitarios. Desde la guerra de 1967, los territorios ocupados pasaron a estar bajo la ley militar israelí, que impidió de hecho nuevas perforaciones de agua. Además, los asentamientos judíos han agravado la situación. Sólo los cerca de 300.000 colonos consumen cerca de 75 millones de m3 de agua, frente a los 130 millones de los tres y millones de personas de Cisjordania. Es decir 780 litros/persona, frente a 192 litros. Cuatro veces más. Ayman Arbí va pasando diapositivas de su presentación y se detiene en fotografías que denuncian la da contaminación de pozos palestinos con residuos lanzados por los colonos. Después continúa explicando la gravedad del muro construido por Israel, no sólo por el cercamiento de la población o la pérdida de tierras, sino en el uso del agua. Tierras de cultivo sujetas al control del ejército, pozos y acuíferos perdidos, necesidad de importar agua de consumo en camiones que deben hacer grandes rutas. Pueblos que tienen tan sólo 10 litros al día para gastar y dedican entre el 20 y 40% de sus ingresos a comprar un agua cada vez más cara. Ayman Rabí concluye exponiendo que “no puede haber un desarrollo urbano del pueblo palestino sin agua. La gente deberá emigrar para poder sobrevivir”. Ahora consumen menos de lo que deberían para desarrollarse, 130 millones de m3 anuales frente a los 500 millones de los que debería poder disfrutar una población en ascenso en 2020, según los índices de desarrollo humano. Además, añade que ” Israel continúa vendiendo la idea de que para lograr la paz sólo hay que intercambiar territorios por paz y seguridad pero es es imposible un estado palestino sin un reparto justo del agua”. Algo que volveremos a comprobar en nuestra visita a los Altos del Golán, zona que abastece del 25% de toda el agua que utiliza Israel. La importancia de poseer por la fuerza todos los recursos necesarios para una vida mejor y además, la políticas para impedir que los “vecinos” los puedan disfrutar. Un nuevo conflicto más.

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